Pérdida de apetito no significa simplemente “no querer comer”
La falta de apetito puede aparecer de diferentes maneras.
Puedes sentir:
- que no tienes hambre;
- que la comida ya no te interesa;
- que empiezas a comer pero te llenas muy rápido;
- que los olores te molestan;
- que todo sabe diferente;
- que estás demasiado cansado para comer;
- o que sabes que deberías comer, pero simplemente no puedes terminar una comida.
A esto pueden contribuir tanto el cáncer como sus tratamientos.
También pueden influir:
- náusea;
- vómito;
- estreñimiento;
- diarrea;
- dolor;
- boca seca;
- llagas en la boca;
- dificultad para tragar;
- ansiedad;
- depresión;
- cansancio.
Por eso no quiero tratar la falta de apetito como un problema aislado.
A veces, mejorar el síntoma que está impidiendo comer mejora también la alimentación.
Si te llenas muy rápido, no esperes a tener mucha hambre
Una comida grande puede resultar imposible cuando aparece saciedad temprana.
En ese caso suele funcionar mejor cambiar la estrategia.
En lugar de pensar:
desayuno – comida – cena
puede ser más útil pensar:
pequeñas oportunidades de comer a lo largo del día.
Por ejemplo:
- una porción pequeña al despertar;
- algo a media mañana;
- otra pequeña comida al mediodía;
- una colación por la tarde;
- algo por la noche.
El NCI recomienda, cuando existe poco apetito, utilizar comidas pequeñas y frecuentes y comer aproximadamente cada dos o tres horas si eso resulta tolerable.
No necesitas hacerlo siguiendo un reloj de manera rígida.
La idea es evitar depender únicamente de sentir hambre, porque durante el tratamiento esa señal puede estar disminuida.
Aprovecha el momento del día en el que mejor comes
No existe una regla que diga que la comida principal tiene que ser al mediodía.
Si tienes más apetito en la mañana:
aprovéchalo.
Si por la tarde te sientes mejor:
come más en ese momento.
Si los días posteriores al tratamiento son difíciles pero después recuperas apetito, también podemos utilizar esos días mejores para aumentar la ingesta.
Quiero que adaptes la alimentación a cómo responde tu cuerpo.
No al horario tradicional de las comidas.
Cuando comes poco, importa lo que cabe en cada porción
Si estás manteniendo bien tu peso y comiendo suficiente, no necesitas convertir cada alimento en una “bomba de calorías”.
Pero si estás comiendo poco o perdiendo peso, cambia la prioridad.
Una porción pequeña debería aportar lo más posible.
Puede ser útil incluir alimentos que aporten:
- proteína;
- energía;
- y nutrientes
sin necesitar un volumen grande.
Dependiendo de lo que toleres, esto puede incluir alimentos como:
- huevo;
- yogur;
- leche;
- queso;
- pescado;
- pollo;
- carne;
- frijoles;
- lentejas;
- crema de cacahuate u otras pastas de semillas o nueces si son adecuadas para ti;
- aguacate;
- preparaciones enriquecidas con leche, queso, aceite u otros ingredientes.
No necesitas comer todos estos alimentos.
Son ejemplos.
La mejor opción es la que puedas tolerar, disfrutes razonablemente y puedas mantener.
ESPEN recomienda que, en pacientes con cáncer con riesgo nutricional que todavía pueden comer, la primera estrategia incluya asesoramiento nutricional, manejo de los síntomas que dificultan la ingesta y alimentos con mayor aporte energético y proteico; los suplementos nutricionales orales pueden añadirse cuando la alimentación habitual no alcanza los objetivos.
Si puedes comer poco, empieza por lo que más aporta
Cuando el apetito dura solamente unos minutos, puede ayudarte empezar por el componente que más necesitas.
Por ejemplo, si tienes un plato con:
- una proteína;
- verduras;
- arroz o pasta;
puedes empezar por la parte que aporta proteína y energía antes de llenarte.
Esto no significa que las verduras dejen de ser saludables.
Significa que en un momento de pérdida de peso la prioridad nutricional puede ser distinta a la de una persona sana que intenta bajar de peso.
Las bebidas también pueden ayudarte
A veces beber resulta más fácil que comer.
En esos momentos pueden ser útiles:
- licuados;
- leche;
- bebidas con yogur;
- sopas;
- preparaciones líquidas con proteína y energía;
- suplementos nutricionales orales cuando están indicados.
No quiero que sustituyas automáticamente toda la comida por bebidas.
Pero pueden ayudarnos a completar lo que no estás logrando consumir en alimentos sólidos.
Si necesitas suplementos nutricionales, prefiero elegirlos según:
- cuánto estás comiendo;
- cuánto peso estás perdiendo;
- enfermedades adicionales como diabetes o enfermedad renal;
- síntomas digestivos;
- y tu tratamiento.
No todos necesitan el mismo producto.
Si te llenas demasiado con líquidos, cambia cuándo los tomas
En algunas personas beber vasos grandes durante la comida aumenta la sensación de llenura.
Si eso te ocurre, puedes probar:
- pequeños sorbos durante la comida;
- y tomar una mayor parte de los líquidos entre comidas.
Pero si tienes diarrea, vómito o riesgo de deshidratación, la hidratación puede convertirse en una prioridad diferente.
No existe una regla única.
Quiero que adaptemos la estrategia al problema que tengas en ese momento.
Cuando la comida sabe diferente
Los cambios en el gusto pueden ser muy extraños.
Algunas personas me dicen:
“Todo sabe a metal.”
“Las cosas dulces me saben demasiado dulces.”
“La carne me sabe amarga.”
“No me sabe a nada.”
“Hasta el agua sabe diferente.”
Esto puede ocurrir durante distintos tratamientos y también puede relacionarse con problemas en la boca, alteraciones del olfato o la propia enfermedad.
Muchas veces estos cambios mejoran después de terminar el tratamiento, aunque el tiempo varía entre personas.
Mientras tanto, no quiero que insistas diariamente con un alimento que te produce rechazo.
Podemos modificarlo.
Si aparece un sabor metálico
Algunas personas encuentran útil:
- utilizar utensilios de plástico en lugar de metal;
- evitar recipientes metálicos si intensifican el sabor;
- probar alimentos fríos o a temperatura ambiente;
- cambiar el tipo de proteína que estás comiendo;
- utilizar salsas o marinados si no tienes irritación de boca.
Estas estrategias aparecen entre las recomendaciones prácticas del NCI para cambios en el gusto.
No todas funcionan para todos.
Prueba una modificación a la vez.
Si no ayuda, no tienes que mantenerla.
Si la carne empieza a producirte rechazo, no significa que tengas que dejar de consumir proteína
La proteína no viene de un solo alimento.
Si determinadas carnes empiezan a saber:
- metálicas;
- amargas;
- demasiado intensas;
puedes probar otras fuentes que toleres mejor.
Por ejemplo:
- huevo;
- pescado;
- pollo;
- lácteos;
- frijoles;
- lentejas;
- tofu u otras alternativas apropiadas para ti.
Lo importante es no confundir “ya no tolero este alimento” con “ya no puedo consumir proteína.”
Si el olor de la comida te quita el apetito
A veces el problema no es el sabor.
Es el olor.
Los alimentos calientes suelen liberar más aroma que los fríos o a temperatura ambiente.
Si los olores te producen náusea o rechazo, puede ayudar:
- comer alimentos fríos o templados;
- evitar permanecer en la cocina mientras preparan la comida;
- mantener ventilado el espacio;
- pedir ayuda para cocinar;
- utilizar recipientes con tapa;
- elegir preparaciones con olor menos intenso.
No necesitas obligarte a permanecer frente a un olor que está haciendo que comas menos.
No guardes tus alimentos favoritos para los días en que tienes náusea intensa
Esto parece un detalle pequeño, pero puede ayudar.
Si consumes repetidamente tu comida favorita justo cuando tienes mucha náusea, puedes terminar asociando ese alimento con sentirte mal.
Después puede producir rechazo incluso cuando la náusea desaparece.
En los días más difíciles puede ser mejor utilizar alimentos neutrales o diferentes y reservar tus favoritos para cuando te sientas mejor.
La boca también cambia el sabor
Antes de asumir que todo se debe al tratamiento, quiero que observes tu boca.
Problemas como:
- boca seca;
- llagas;
- infección;
- dolor dental;
- inflamación;
- mala higiene oral;
pueden hacer que la comida sepa diferente.
Una higiene oral suave y frecuente puede ayudar a disminuir sabores residuales y hacer que comer sea más tolerable. El NCI incluye el cuidado frecuente de la boca dentro de las estrategias para manejar alteraciones del gusto.
Si tienes dolor, úlceras o llagas, sigue las recomendaciones específicas de la guía:
Llagas y dolor en la boca durante el tratamiento oncológico.
Si tienes llagas en la boca, algunas recomendaciones para mejorar el sabor pueden ser incorrectas para ti
Por ejemplo, alimentos:
- ácidos;
- muy condimentados;
- crujientes;
- demasiado calientes;
pueden resultar útiles o agradables para algunas personas con cambios del gusto, pero pueden ser muy irritantes si además tienes mucositis.
Por eso no existe una lista universal.
El síntoma que más limita tu alimentación es el que debe guiar la estrategia.
No quiero que una dieta “anticáncer” haga que comas todavía menos
Durante el tratamiento es frecuente recibir consejos como:
“No comas azúcar.”
“No comas lácteos.”
“No comas carne.”
“No comas carbohidratos.”
“Haz ayuno.”
“Solo come alimentos alcalinos.”
Si ya tienes poco apetito, eliminar grupos completos de alimentos sin una indicación clínica puede hacer todavía más difícil cubrir tus necesidades.
Nuestro objetivo durante el tratamiento no es conseguir una dieta perfecta según internet.
Es mantener:
- alimentación suficiente;
- hidratación;
- fuerza;
- masa corporal;
- tolerancia al tratamiento;
- calidad de vida.
Si quieres hacer un cambio importante en tu alimentación, prefiero revisarlo contigo o con Nutrición antes de restringir alimentos.
Pesarte puede darnos información, pero no quiero que te obsesiones con la báscula
No necesitas pesarte varias veces al día.
El peso cambia naturalmente por:
- líquidos;
- evacuaciones;
- horario;
- ropa;
- hidratación.
Lo que nos interesa es la tendencia.
Puede ser útil pesarte aproximadamente una o dos veces por semana en condiciones similares si estás teniendo problemas para comer.
Quiero saber si notas:
- pérdida progresiva de peso;
- ropa cada vez más holgada;
- pérdida visible de músculo;
- disminución de fuerza;
- dificultad creciente para realizar tus actividades.
El NCI recomienda comunicar la pérdida de peso durante el tratamiento y ESPEN recomienda evaluar regularmente ingesta, cambio de peso y estado nutricional desde el diagnóstico y durante el seguimiento.
Pérdida de peso y caquexia no significan exactamente lo mismo
Este punto es importante.
Una persona puede perder peso simplemente porque está comiendo menos.
Pero algunos pacientes con cáncer desarrollan un proceso más complejo llamado caquexia.
En la caquexia pueden existir:
- disminución del apetito;
- pérdida de peso;
- pérdida de músculo;
- inflamación;
- cambios en el metabolismo;
- reducción de la actividad.
En estas situaciones, decir:
“solo tienes que comer más”
puede ser incorrecto y frustrante.
La caquexia necesita una evaluación más amplia y puede requerir combinar:
- manejo de síntomas;
- intervención nutricional;
- actividad física adaptada;
- tratamiento de la enfermedad;
- y otras estrategias según cada caso.
ESMO describe la caquexia como un síndrome complejo que incluye ingesta insuficiente, pérdida de peso y músculo, alteraciones metabólicas, inflamación y síntomas como anorexia, saciedad precoz y alteraciones del gusto.
Por eso quiero saber si estás perdiendo peso aunque estés intentando comer.
A la familia: presionar para que coma más no siempre ayuda
Cuando alguien pierde el apetito, la familia suele preocuparse mucho.
Y es comprensible.
Empiezan frases como:
“Come otro poquito.”
“No has comido nada.”
“Por mí, termínate esto.”
“Si no comes, te vas a poner peor.”
La intención es ayudar.
Pero convertir cada comida en una discusión puede aumentar:
- ansiedad;
- culpa;
- rechazo;
- sensación de fracaso.
Puede ayudar más:
- ofrecer porciones pequeñas;
- preguntar qué se antoja;
- preparar varias opciones sencillas;
- evitar comentarios constantes sobre cuánto comió;
- ayudar con compras y preparación;
- avisarnos si la cantidad sigue disminuyendo.
La alimentación forma parte del cuidado.
No debe convertirse en una prueba que el paciente sienta que está reprobando.
No tienes que comer “saludable” de la misma manera todos los días
Cuando estás comiendo bien y manteniendo tu peso, buscamos una alimentación equilibrada.
Pero durante unos días de poco apetito puede ser más importante que logres comer algo con suficiente energía y proteína que cumplir con una idea perfecta de alimentación.
Esto puede significar adaptar:
- horarios;
- porciones;
- textura;
- temperatura;
- densidad energética.
La estrategia puede cambiar conforme cambian tus síntomas.
No tienes que comer exactamente igual durante todo el tratamiento.
La actividad física puede ayudar, pero no quiero que hagas ejercicio para “ganarte” la comida
Cuando tu condición lo permite, mantener movimiento y actividad física puede ayudar a:
- conservar músculo;
- mantener función;
- mejorar algunos aspectos de bienestar;
- y en algunas personas favorecer el apetito.
Pero si estás perdiendo peso y comiendo poco, no quiero que aumentes ejercicio intenso con la idea de “abrir el apetito” sin revisar primero tu situación.
El objetivo es preservar función, no gastar más energía de la que puedes reponer.
ESPEN recomienda mantener o aumentar la actividad física cuando sea apropiado, especialmente para preservar masa muscular y función, como parte de una estrategia nutricional integral.
¿Cuándo puede ayudar una valoración por Nutrición?
No necesitas esperar hasta estar muy delgado.
Una valoración nutricional puede ser especialmente útil si:
- ya estás perdiendo peso;
- comes mucho menos que antes;
- te llenas con muy poca comida;
- tienes varios síntomas que dificultan comer;
- estás evitando muchos alimentos;
- tienes diabetes, enfermedad renal u otra condición que complique la alimentación;
- necesitas suplementos nutricionales;
- no sabes cómo aumentar proteína o energía sin aumentar demasiado el volumen.
La intervención nutricional funciona mejor cuando se inicia antes de que exista una desnutrición importante, no cuando el problema ya está avanzado.
¿Cuándo quiero que me avises?
Quiero saberlo si:
- tu apetito disminuyó claramente;
- estás comiendo mucho menos que antes;
- te llenas después de unas cuantas cucharadas;
- estás perdiendo peso sin proponértelo;
- los alimentos tienen un sabor que dificulta comer;
- los olores te producen rechazo o náusea;
- estás evitando cada vez más alimentos;
- tienes dificultad o dolor para tragar;
- tienes llagas en la boca que impiden comer;
- tienes náusea o vómito que no están controlados;
- diarrea o estreñimiento están limitando tu alimentación;
- estás demasiado cansado para preparar o consumir alimentos;
- tienes miedo de comer por síntomas digestivos;
- o sientes que mantener tu alimentación se está volviendo cada vez más difícil.
No quiero que esperes hasta haber perdido mucho peso para mencionarlo.
Hay situaciones en las que quiero que busques valoración más pronto
Necesitas valoración médica si:
- prácticamente no puedes comer durante un periodo prolongado;
- no puedes mantener líquidos;
- tienes vómito repetido;
- tienes signos importantes de deshidratación;
- presentas mareo intenso o desmayo;
- estás muy débil o confundido;
- tienes dificultad importante para tragar;
- toses o te atragantas repetidamente al comer o beber;
- tienes dolor intenso al tragar;
- aparece dolor abdominal intenso o progresivo;
- o existe un deterioro rápido de tu estado general.
No quiero que estos problemas se intenten resolver únicamente cambiando la dieta. Necesitamos entender qué los está produciendo.
¿Y si tengo fiebre?
La pérdida de apetito puede acompañar muchas situaciones, incluida una infección.
Si estás recibiendo un tratamiento que puede producir neutropenia y tienes una temperatura de:
38 °C o más
contacta de inmediato a tu equipo de oncología, salvo que te hayan dado una indicación individual diferente.
No asumas que la falta de apetito se debe únicamente al tratamiento.
Una forma sencilla de pensarlo
Tengo menos hambre, pero sigo comiendo y mi peso se mantiene
Puedes probar porciones más pequeñas, comer en tus mejores momentos del día y adaptar los alimentos según lo que toleres.
Obsérvalo.
Estoy comiendo bastante menos o el sabor de los alimentos está dificultando que coma
Quiero saberlo.
Podemos revisar qué síntoma está detrás y adaptar tu alimentación.
Estoy perdiendo peso o cada semana puedo comer menos
No quiero que esperemos.
Necesitamos valorar tu estado nutricional y actuar antes de que pierdas más fuerza.
No puedo mantener líquidos, tengo dificultad importante para tragar o estoy muy débil
Esto necesita valoración médica.
No intentes manejarlo solamente con recomendaciones de alimentación.
No necesitas convertir cada comida en una batalla
Durante algunos días vas a comer mejor que otros.
Eso puede ocurrir.
No quiero que cada plato que no terminaste se convierta en una fuente de preocupación.
Quiero observar la tendencia:
- ¿estás comiendo suficiente en el conjunto del día?
- ¿tu peso se mantiene?
- ¿conservas fuerza?
- ¿los síntomas están controlados?
- ¿puedes hidratarte?
Eso nos dice mucho más que si terminaste una comida concreta.
Recuerda
La pérdida de apetito y los cambios en el gusto pueden parecer efectos secundarios menores, pero cuando hacen que comas cada vez menos pueden terminar afectando tu peso, tu fuerza y tu bienestar.
No quiero que te obligues a comer grandes cantidades.
Tampoco quiero que normalices semanas de ingesta cada vez menor.
Podemos adaptar:
- cantidad;
- horarios;
- textura;
- temperatura;
- sabores;
- aporte de proteína y energía.
Y, sobre todo, podemos buscar y tratar los síntomas que están haciendo que comer sea difícil.
Si comer se está convirtiendo en un esfuerzo cada vez mayor, prefiero saberlo antes de que aparezca una pérdida importante de peso o fuerza.
Dr. Omar Serrano Villamayor
Oncología Médica y Oncología Torácica
